Mi columna en el número 100 de la revista “El Estadista“   ¿Sirven? De modo mesurado y en algunos contextos sí. De lo contrario, el ridículo está a un paso de transformarse en estigmatización. Desde que existen medios masivos se asiste a una ritualización cambiante para adaptar la comunicación a parámetros estratégicos, muchas veces dispuestos a satisfacer los estándares de los propios medios de comunicación, aun –en muchas circunstancias– con consecuencias desafortunadas para la política. Es muy sabido que la comunicación produce efectos, lo que no se sabe a ciencia cierta es qué tipo de ellos genera. Eso pasa exactamente hoy con el fenómeno de las selfies. Y parto de una afirmación: la política no debiera rehuir a las variantes de “sorpresa, acción y éxito”, como decía Bruce Gronbeck, que puedan promover innovaciones e iniciativa política, así como oferta comunicacional constante. De hecho, el objetivo operativo más concreto de la comunicación política es gestionar la agenda pública [...]