Sobre la transparencia, Bernard Manin sostiene una doble premisa: por un lado, un ciudadano nunca conocerá todo lo que los gobernantes hacen, y tal vez no lo querría, pero ello no implica que la información deba depender de lo que aquellos quieran que se conozca. Ese es el espíritu de la transparencia en la política, no lo que la la política quiera, sino lo que el ciudadano pudiera llegar a querer.