No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

COMUNICAR VALORES (una reflexión desde la #compol)

Cuando uno hace running urbano de madrugada tiene una ventaja: ver a las ciudades casi vacías. Y las conoces de otro modo. Te distraes menos con quienes circulan y prestas más atención a cosas que están ahí, siempre, aunque antes te hayan pasado desapercibido. Calles, fachadas, arte, carteles.

Y fue entonces que en una madrugada vi un cartel en el ingreso de un colegio confesional ubicado en uno de las zonas más exclusivas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Figuraba el nombre del colegio -que no viene al caso- y su eslogan: “educando en valores”.

Y me pregunté: ¿y quién no?

Supongo que porque es una oferta privada, católica, personalizada quiera destacar unos determinados valores distintivos. Pero si la oferta es estatal, laica y de acceso libre, ¿deja por ello de educar en valores? No. También son valores y opuestos a aquellos.

Y si tuviera una orientación dirigida a potenciar aptitudes musicales. O no fuese mixta. O fuese bilingüe. O fuese judeocristiana. O fuese lo que fuese. Nunca carecería de valores.

Este ejemplo viene a cuenta de una recomendación de consultoría, particularmente en comunicación gubernamental, aunque para nada descartado en las prácticas electorales: comunicar valores.

Y sí, me gusta ese consejo. Lo di muchas veces. De hecho lo recomiendo constantemente.

Pero no porque entienda que el otro no tenga valores, sino entendiendo que un valor es la posibilidad de tener un signo distintivo.

Sin embargo jamás recomendaría a un gobierno, a un partido o a un político expresar una frase como “yo tengo valores”, pensando que los electores -de modo automático-van a mirarme por ello. Porque todos los tienen. De izquierda, centro o de derecha. Liberales, conservadores o progresistas. Partidarios e independientes. Viejos y jóvenes. Mujeres y hombres.

Tener valores y comunicarlos no es un rasgo de superioridad moral, menos política. Y nuevamente: porque en ese caso todos serian seres superiores.

En cambio, donde pondría el énfasis es que el valor -su valor- sea su carta distintiva.

No es lo mismo comunicar valores que comunicar unos valores.

Porque la consolidación de una imagen (como acumulación coherente y sostenida de un discurso público a lo largo el tiempo) necesita de un valor o cúmulo de valores como elementos de identidad que sustenten esa imagen.

Y tampoco recomendaría comunicar valores como garantía para lograr grandes consensos, porque cada valor tiene su disvalor o su contravalor.

Incluso analicemos por caso lo que se llama valencia. Se trata de un valor comunmente aceptado por muchos, pero cuya operativizacion o bajada a tierra se vuelve dispar y polémica.

Por eso incluso un valor puede tener una aceptación mayoritaria en la medida que permanezca abstracto pero cuando se transforma en un posicionamiento o política pública concreta, puede transformarse en un hecho polémico o fuertemente discutible.

Por ello, también quienes trabajamos en comunicación -política o no-, antes que educar en valores, o persuadir desde los valores, debemos educarnos en comprender el uso y efecto de los valores desde la perspectiva comunicacional.