No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

¿Aciertos a los 100 días de la era Macri? Miradas desde la OP y la comunicación

Destapa un buen debate el posarse sobre lo positivo de una gestión. Quizás tanto o más que si intentásemos analizar lo malo. Por eso, como mínimo, quisiera analizar los aciertos en los 100 primeros días de la “Era Macri” en Argentina, desde tres perspectivas diferentes de la opinión pública y la comunicación.

1.     El costado de la opinión pública agregada. Del gobierno de una persona y del gobierno como un todo.

El presidente Mauricio Macri mantiene -en su imagen personal- una alta aceptación pública, y aunque menor, también la gestión. En términos generales puede hablarse de acierto.

Tener alta aprobación no siempre habla de todo lo bueno, pero de arranque descarta lo malo (al menos para mayorías). Y cumple este cometido para una mayoría amplia y cómoda hoy.

2.     La mirada de las políticas públicas concretas.

Aquí los aciertos “indiscutibles” han sido pocos, equivalentes, por ejemplo, a la estabilidad en la cotización del dólar.

Muchas otras políticas han sido aciertos para algunos sectores, tanto como evaluados como complicaciones o desaciertos para otros. Vayan como ejemplo la devaluación, la eliminación de retenciones agropecuarias y retenciones mineras, la actualización de cuadros tarifarios de los principales servicios, los despidos en el sector público, la aprobación de las leyes para pagar a los fondos buitres, etc.

Significa ello que para una mayoría algunas cosas son muy defendibles al mismo tiempo que cuestionables por otros sectores de la población. Tal vez hoy, salvo la medida para la minería o el decreto para las vacantes de la corte suprema, todas han tenido más aprobación que rechazo. En estos dos casos, un claro rechazo superior a la aprobación.

3.     El abordaje desde la comunicación política, como modo de aportar a la legitimación de un gobierno.

El actual gobierno arrancó con una comunicación que no era ni más ni menos que la manutención de la inercia electoral. Dicho en términos técnicos, “electoralizó la gestión de la comunicación gubernamental”.

Una tentación y error peligroso también. La cotidianeidad light, la descontractura como modo de gobernar se había convertido en el eje, no en un complemento. Esto era un desacierto.

Hasta que vino el acierto: “gubernamentalizar la comunicación”. Donde la comunicación (a secas) se transformó en lo que debiera haber sido siempre, comunicación gubernamental.

Y esta politización de la comunicación de gestión tomó forma en varios aspectos:

  1. Moderó las expectativas del futuro perfecto. Se des-electoralizó la gestión.
  2. Adquirió un intenso contraste ideológico con el pasado, anclado en el uso del estado y en el abuso del estado (corrupción, clientelismo, ineficacia y hechos polemizantes en el relato oficialista) que tuvieron su pico máximo: el del discurso presidencial en la apertura de sesiones del Congreso. Le denomino “revisionismo de políticas” a esta acción que se caratuló como “la herencia”. Se creía que si el revisionismo -de políticas- era demasiado fuerte, la gobernabilidad será demasiada débil. Y se demostró que no. Al contrario.
  3. Proceso constante de diferenciación simbólica en cada paso, especialmente en puesta en escena de las diferentes instancias del “diálogo”.
  4. Apostar a la negociación política junto con la comunicación pública. Varios intentos de golpes de efectos comunicacionales apostando al shock en la opinión pública, fracasaron o generaron la necesidad de retroceder públicamente en decisiones significativas. El aumento de la negociación política tradicional tuvo su pico en el acuerdo legislativo para el pago a los fondos buitres.
  5. Mantener una relativa unidad en la agenda mediática con una también relativa invisibilización de ciertos temas de agenda. Esta no es garantía de blindaje en la opinión pública -porque depende del desempeño de las políticas públicas-, pero da tiempos extras de apoyo en la opinión pública para gestionar.