No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

“Es mentira que a pocos les interesa la política”

Mario Riorda: “Es mentira que a pocos les interesa la política”

El estratega en comunicación gubernamental afirma que los argentinos están muy informados respecto de los temas de gestión. Consejos para municipios y líderes del siglo XXI.

 

 

Mario Riorda:

Comunicación y política suelen fundirse en tiempos de Internet. Y no solo en años electorales. Al eterno debate sobre el uso de fondos públicos para la publicidad de funcionarios, se le suma ahora la voluntad de los gobiernos de vincularse directamente con la ciudadanía, al margen de los medios periodísticos.

Sobre todos estos temas conversó con El Cronista el autodefinido “activista” de la comunicación política Mario Riorda. Otrora decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), es autor de numerosos libros sobre el tema y actual coordinador del posgrado de Comunicación Política en la Universidad Austral. Lleva 30 años como consultor en estrategia y comunicación para gobiernos y partidos en América latina.

- Brevemente, para los pocos memoriosos: ¿Cómo era y en qué consistía la comunicación política antes de la llegada de Internet?

Era analógica, unidireccional. Subordinada fuertemente a las instituciones. Desde el Estado, desde los partidos que estaban en su era dorada. A mucho recurso invertido, respuesta acorde. Y aunque de a poco empezó a verse un electorado más móvil, tardó en aparecer una profesionalización de la comunicación política. La TV ocupaba el rol central y empezaba a facilitar el espacio para un aumento de la personalización de la política.

- ¿Qué cambió con las redes sociales? ¿Su impacto en la comunicación política es “definitorio” o un canal más de comunicación?

No cambió, diría que está cambiando y no se sabe el impacto definitivo. Existe una abundancia de medios, se vislumbra un intensificado profesionalismo, aumenta la presión de lo inmediato, hay abundancia de contenidos, celeridad y respuestas instantáneas. Los valores políticos y los periodísticos aparecen más divergentes que nunca. A ello se suma que hay una bajísima correlación entre la agenda de medios y la de los políticos. Ello se debe a que hay más canales, más opciones y son menos dependientes de un único centro generador de agendas. Por si fuera poco, se rompió el límite entre lo político y lo no político.

- En el seno del actual Gobierno se habla de la existencia de un “círculo rojo”, conformado por un 20% de la población que está o cree estar informado sobre política. El resto, en cambio, tiene poco interés en ella. ¿Considera que esta apreciación es cierta?

En absoluto. Es una estrategia discursiva funcional a su planteo desideologizador. La política puede aparecer desdibujada en la sociedad, asociada a despartidización o a la no comprensión racional de los mojones ideológicos. Sin embargo, cuando a la población se le pregunta sobre temas, sobre asuntos, sobre preferencias de políticas, esta responde y entiende lo que responde. Y más aún, si se le pregunta sobre los efectos de las políticas públicas, siempre responde. Y responde con interés, especialmente cuando se ve amenazada o afectada.

- Tanto el kirchnerismo como el macrismo se caracterizaron y caracterizan por intentar tener una “comunicación directa” con la ciudadanía, restando importancia a los medios periodísticos al punto que hasta el Presidente declara no leer los diarios: ¿Piensa que es posible una comunicación política efectiva siguiendo este criterio?

La comunicación directa es un modo de controlar la agenda sin depender de terceros. Y dentro de los terceros, del periodismo. ¿Si es efectiva? Totalmente. Es la primera tendencia que caracterizó a los gobiernos que protagonizaron el cambio en el inicio del siglo XXI. En parte, es lo que explica la cada vez más frecuente divergencia entre política y prensa, salvo que existan intereses mutuos.

- ¿La mala imagen de los partidos y líderes políticos en el país se debe a una mala comunicación?

No, se debe a la política. La comunicación es política. Es el modo en que la política se hace pública. Muchos políticos pregonan la tesis “gobierno bien, pero comunico mal”. Es una falacia, una picardía para esconder los errores políticos. La comunicación, quizás, contribuye a modelar, a gestionar de mejor modo el consenso, la legitimidad pública, pero no sustituye a la política. De hecho, si técnicamente fuera tan fácil determinar que hubiera errores comunicacionales, aun existiendo estos, en la faz pública dejan de ser errores comunicacionales para ser errores eminentemente políticos.

- El fenómeno de las ‘fake news’ o proliferación de noticias falsas ¿Es nuevo?

No es nuevo. Su magnitud, escala y efectos potenciados son nuevos. Son proyectiles argumentales gestionados deliberadamente por inescrupulosos que se convierten en materia prima que potencia la cibermilitancia de las tribus digitales.

- Yendo a la comunicación política como una herramienta de gestión. ¿Qué consejos puede dar a un municipio para hacer un buen uso de esta?

Que, para comunicar en Gobierno, abandone la visión electoralista y cortoplacista de la comunicación, y potencie la visión legitimadora y largoplacista que requiere la comunicación gubernamental. Y que la comunicación no es publicidad. Es previa y debe iluminar la decisión política antes de que esta se haga pública. No después. Esto es lo que se entiende como comunicación estratégica.

- Del Estado a la persona: ¿qué consejos daría a un político para convertirse en un líder político-comunicativo?

Que escuche a los ciudadanos y a sus asesores. Muchos y muchas pretenden ser escuchados cuando ellos ni siquiera escuchan previamente…