No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

“Decir generalidades es una estrategia de comunicacion nefasta en una crisis”

Extractos de la entrevista que me realizara Marcelo Falak para el Portal Letra P

https://www.letrap.com.ar/nota/2018-7-24-11-15-0–decir-generalidades-es-una-estrategia-de-comunicacion-nefasta-en-una-crisis

Generalmente se cree que hay una falla de la comunicación y, en realidad, lo que está fallando es la política y la economía en este caso. La comunicación es el modo en que la política se hace pública, así que siempre habrá comunicación porque es el reflejo de como vemos a la política.
En crisis políticas siempre es deseable que sea la máxima autoridad “posible” la voz principal. La idea de voceros es un concepto de las relaciones públicas no fácilmente aplicable a crisis políticas o económicas. Para colmo, tratándose de una crisis económica, el problema es que el equipo y los responsables de la economía tienen una bajísima consideración (léase credibilidad) en la opinión pública. A ello se suma que hubo no pocos actos de descoordinación de las múltiples vocerías que representan al gobierno.
En el contexto actual, siempre una conferencia de prensa lleva implícita la intención de contrastar con el gobierno pasado. Eso está bien para el gobierno, y mejor para la república. Pero el problema es que el gobierno suele enamorarse de las formas y los canales, pero no del contenido. La comunicación de crisis es incertidumbre. Genera amenazas, urgencias e incertidumbre y pone a prueba fundamental la flexibilidad de las élites ante retos velocísimos y altamente entrelazados. La gestión de crisis y la gestión de comunicación de crisis es la capacidad de una organización de reducir o prever los factores de riesgo e incertidumbre respecto del futuro, de forma que se capacite para asumir de manera rápida y eficaz las operaciones de comunicación que contribuyan a reducir o eliminar los efectos negativos que una crisis desencadena. En la conferencia de prensa no hubo nada de eso. Más bien hubo displicencias del Presidente de un gobierno que, hasta ahora, fue un mal pronosticador y nuevamente volvió a prometer.
Insisto, como la crisis es incertidumbre, la comunicación de crisis debiera ser, en esta lógica un instrumento que permita dotar de certidumbre ante situaciones de amenaza. Certidumbre. Gestionar crisis es aportar certidumbre. Esto trae una exigencia fundamental para el sistema político y también para el sistema de medios: dar noticias cargadas de certidumbre, no necesariamente es dar buenas noticias. Las respuestas debieran dar cuenta de una “normalidad” de corto plazo (la más anormal de las normalidades, seguramente), de mediano plazo y de largo plazo (la más normal de las normalidades).
Los gobiernos hacen todo lo posible por no mentir abiertamente, pero por lo general se creen con derecho a decir cosas técnicamente exactas pero engañosas, especialmente cuando intentan tranquilizar a la población durante una crisis. Aparte de la cuestión ética, esta estrategia suele producir el efecto opuesto. La gente se entera de la otra mitad de la verdad o intuye simplemente que no se está siendo franco con ellos, lo que de por sí agrava su preocupación. Es raro que en las situaciones de crisis cunda el pánico: las personas pueden sentir mucho miedo, pero por lo general logran actuar con racionalidad e incluso con altruismo. Sin embargo, paradójicamente, es más probable que reine el pánico cuando las autoridades, justamente para conjurarlo, no hablan con la franqueza que deberían.
Por eso el gobierno debería analizar la recontextualización de su discurso. Hacerlo sobrio y buscar reputación. ¿Qué significa esto? Que algo que prometa lo cumpla en relación a la económico. Y cumplirlo ya no es solo hacerlo, es hacerlo y que salga bien. Que salga como dijo que iba a salir. Dejar de pretender ganar confianza, si ni siquiera ha ganado reputación. Dejar de hablar del 2019 cuando las decisiones de consumo son de ahora, de mañana. Los efectos de la conferencia de prensa fueron muy negativos. En proporción, según mediciones de Opinión Pública y de redes sociales, tres partes no creen o rechazan su contenido, y sólo una parte le cree y apoya.
-¿Le parece que el discurso de Macri ha sido el adecuado? ¿Conviene que el tipo de mensaje haya sido similar al de la campaña o al de la primera mitad de su gestión, cuando aún no estaba instalado en la sociedad un sentimiento de crisis?
- La tentación de los gobernantes en menguar la importancia de los factores negativos que definen una crisis. Por ejemplo, cambiar la palabra crisis por tormenta. Eso suele traer más riesgos cuando no hay credibilidad. En comunicación de crisis –en realidad debiera ser un precepto democrático no discutible en ninguna de las comunicaciones–, la única opción es la verdad, aunque resulte dolorosa o perjudicial. No hay espacio para la mentira, ni para las generalidades ni para las inexactitudes. Eso puede resultar una nefasta estrategia de comunicación, especialmente si no se relaciona la verdad con la anticipación, la agilidad y la calidad informativa. Sin embargo, en las últimas horas se produjo un cierto giro, que se apreció en las declaraciones del jefe de Gabinete, Marcos Peña. Este pasa por una operación acelerada y abrupta de contextualización y por un reconocimiento de la dificultad de gestión de expectativas. Es un cambio.