No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

Conmoción en los cimientos del periodismo político: ¿Twitter dignifica?

Los nuevos medios digitales están transformando el modo de comunicación de mucha gente. De la ciudadanía en general, de los políticos y también de los periodistas, especialmente aquellos que trabajan en la cobertura de lo político.

El impacto de las redes en la actividad periodística, pero especialmente de Twitter, hace pensar que es un duro oficio el ser periodista. Grandes razones atestiguan ello.

Twitter los interpela. El periodista no sólo interpela al sector político, sino que se ve expuesto e interpelado por él.

En general, los periodistas más renombrados tienen una gran cantidad de seguidores, y dentro de ese mismo caudal, una gran cantidad de detractores.

El juego de otorgar reputación, otrora asimétricamente del lado del periodismo, ahora se reparte entre la propia red de seguidores del periodista, tanto como de los seguidores de un político altamente posicionado dentro de la red. Si la ley de física sostiene que “toda acción tiene una reacción, igual y opuesta”, nada mejor que dicha analogía para afirmar que el periodista interpela y es interpelado con la misma complacencia o furia simétrica a su estilo.

Pero lo que hay que resaltar aquí es que no hace falta tener Twitter ni  seguidores para que la red –colectivamente hablando- construya la reputación de las personas públicas, incluyendo la de los propios periodistas.

La red habla, habla y habla, sin necesidad de que cada actor público le responda. Si lo hace, el actor seguramente tiene más chances (sólo en estado potencial) de reconducir y gestionar los flujos comunicacionales a su favor.

Twitter trastoca roles además, y permite osadías o irreverencias, como la de que miles de “don nadies” le hablen a personalidades públicas. Ello no es nada si además de hablar se sabe que se insulta o maltrata. Por eso es que Twitter estimula, amplifica, pero también estresa.

Otro de los dilemas nuevos es si una cuenta de Twitter hace hablar/tuitear al periodista como persona –individualmente considerado- o bajo el rol de periodista.

Podría decir que ambas cosas en la realidad no son indisociables. Sí, lo afirmo. Pero también puedo afirmar que ambas cosas en la realidad sí son separables y se me ocurren dos situaciones típicas:

a)    Si el periodista tuitea como individuo particular, repercute en el equilibrio periodístico y editorial del medio para el que trabaja. Hay medios y medios, pero difícilmente algún periodista de alta exposición niegue cuánto condiciona a su letra la línea editorial dominante en su medio o empresa periodística. A fin de cuentas, ya lo decía Joseph Klapper hace medio siglo: “los medios, antes que ser medios, son empresas”.

He podido comprobar como periodistas en sala de edición, suelen bromear en Twitter sobre situaciones políticas que a la postre son los mismos hechos que deben cronicar o sobre los que deben escribir columnas de opinión. Decía un viejo profesor que el humor, como manifestación de la ironía, es el traje de gala de la verdad y una refinada forma de inteligencia. Bella frase. Pero el tema es que esa inteligencia complica cuando previamente el periodista ha tomado partido en el hecho que debe “objetivar” luego. Insisto, Twitter tensiona la individualidad del pensamiento con la línea editorial. Y no son poco los protocolos de uso de Twitter que van mutando día a día en las redacciones.

b)    Pero si el periodista sólo tuitea como periodista, no podrá abstraerse de la línea editorial. O al menos rara vez podrá. Es una sentencia: los tuits serán menos, serán linkeos constantes a las noticias y esa cuenta de Twitter será sumamente aburrida. Servirá si, para aquellos lectores digitales -ya muchos hoy- que no leen más los diarios y sólo se informan por Twitter. Pero esa práctica de los lectores es un atajo para la información en donde se leerá esa noticia sin importar el valor agregado y diferencial del propio periodista. Su tuit se confundirá con el mismo medio para el que trabaja. Aunque monótona, esta práctica es muy usual ya.

En definitiva, Twitter da trabajo. Y da trabajo porque más profesionales desde los medios debe atender lo que pasa en esta red. Pero da trabajo también porque sobrecarga la labor del periodista en busca de veracidad. El riesgo de poner en evidencia noticas que no son tal es alto, pero no mayor al que existe con un rumor frente a un llamado telefónico o mail anónimo. Nada nuevo en la profesión.

Lo que sí es novedoso es que el mundo de los interlocutores se ha modificado. Antes era un escenario convencional, un teatro,  con una única obra. La duda era si ir a una u otra función. Ahora es una fiesta rave, a toda hora, llena de escenarios con distintas músicas y los sonidos se entremezclan. Es el propio ruido destellar de la red. Cultura en pedacitos.

Y para colmo la comunicación ya no está tan mediada por prensa. El político siente que no debe ir a buscar a los medios porque los medios vienen a él. En este sentido –parafraseando a Fernando Ruiz–, así como los políticos asumen que el espacio político no es una zona exclusiva de los políticos, el espacio mediático tampoco lo es de los medios ni mucho menos de los periodistas.

Por eso es evidente reconocer el despliegue de nuevas formas de comunicación directa desde la política rechazando convenciones de mediación de la prensa. Philippe Kitzberger plantea que la política opta cada día mas por estrategias discursivas hacia los medios donde (parte de) estos son considerados instrumentos ideológicos, o bien simplemente representantes de intereses de clase. Otro nuevo y estresante trabajo, también para el periodismo: defenderse.

En definitiva, es temprano para afirmar cómo se está reconstituyendo definitivamente el campo profesional del periodismo político. Lo único que quiero afirmar es que el cimiento del periodismo político convencional está seriamente conmovido. Eso no es ni bueno ni malo, simplemente es.

¿Twitter dignifica? Habrá que preguntárselo a cada periodista político.

Comentarios

  1. By marioriorda

  2. By marioriorda

  3. By carmen de candia

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