No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

Dime con quién te alías y te diré quién eres: PRO y UCR

El PRO y la UCR tienen desafíos y limitaciones por igual. Comparten elementos comunes, pero a su vez diferencias de fondo, tanto en el espectro ideológico, como en la estructura organizativa y los modos en que se toman decisiones puertas hacia adentro.

Ambos partidos se ubican en un rol opositor, tratando de sobresalir en un colectivo poco competitivo de acuerdo a la última elección presidencial y de acuerdo a sondeos preliminares. A su vez, la imagen de ambos partidos tiene menos del 20% de positividad y más del 50% de negatividad. Todo un dato que habla de la poca tracción de los partidos, dependientes de sus líderes de turno.

Comparten la coyuntural situación respecto a los dos partidos están siendo superados tempranamente por el posicionamiento partidario logrado por el Frente Amplio Progresista. Igualmente y en lo que respecta sus líderes, diversos sondeos ubican a Hermes Binner por encima de Mauricio Macri, Ricardo Alfonsín, Julio Cobos o Ernesto Sanz, sea en imagen, como en intención de voto. Es prematuro conjeturar respecto al futuro de los liderazgos de la oposición, aunque no tanto habida cuenta que son exactamente los mismos que de una u otra manera estuvieron en danza en el proceso presidencial pasado. Por ello es que también las dos fuerzas saben que sin alianzas (sea partido a partido, o de un partido con un grupo de dirigentes) les será dificultoso volverse competitivos y crecer en chances electorales.

Nada es imposible, pero hoy, tal el estado coyuntural de la política argentina, serian claramente variable dependiente (del oficialismo) de seguir jugando individualmente y pretender alterar sensiblemente el tablero electoral.

Pero no será sencillo.

El PRO tiene una necesidad imperiosa de posicionarse en el interior del país, especialmente fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Conurbano Bonaerense. Es una estructura líder dependiente que no crece, salvo por una performance destacable en Santa Fe. A su vez, su líder, Mauricio Macri, tiene pleno conocimiento e instalación, pero una discreta performance electoral, no diferente a la que hubiera podido tener en el 2011 si se hubiera proyectado como candidato a presidente.

La ubicación ideológica que representa, tanto desde la derecha hacia el centro, lo torna un partido que bien podría denominarse conservador, de acuerdo a los intereses que podría defender.

El radicalismo por su lado, tiene una enorme necesidad de reconquistar algún distrito, especialmente alguno de mayor visibilidad, tanto como de posicionar a un líder partidario de cara a las futuras elecciones. Sin embargo, la factibilidad de esto último no será simple ni imaginable de modo temprano dado que cada probable líder con aspiraciones presidenciales, deberá revalidar títulos en su respectivo distrito en las elecciones legislativas intermedias del 2013. Ello quiere decir que hay una relativa horizontalidad entre (al menos) tres líderes, que presupone una ardua batalla interna para visibilizar a distritos o sectores ideológicos y así pulsear en definiciones partidarias futuras.

Esa relativa horizontalidad a la que se aludía, va en contra de la consolidación de un líder en un contexto político de incuestionable personalización de la política. A su vez, hay otros elementos que pueden complicar una probable alianza con el PRO.

Uno es que el radicalismo ha vivido una experiencia traumática en su última experiencia aliancista en la Provincia de Buenos Aires, en donde no sólo fue alto el voltaje interno del debate por la incomodidad ideológica señalado por muchos, sino que la sumatoria no aportó ningún voto extra en el agregado nacional.

Este punto desnuda uno de los riesgos de las alianzas incoherentes que regularmente suelen hacer perder los extremos de dicha coalición, convirtiéndose así en alianzas subóptimas desde lo electoral, minando toda posibilidad futura de nuevos acercamientos. Así funcionó el último proceso aliancista del 2011.

También son cuestionados algunos interlocutores distritales que se evidencian como nexos con el PRO, dada la mayor cercanía ideológica. Diversos actores de la Ciudad de Buenos Aires han tenido alto protagonismo en el gobierno de De La Rúa, tanto como actores de Córdoba, sólo por citar otro ejemplo, han tenido desempeños electorales muy pobres recientemente. Nada de eso colabora con este proceso.

Por todo ello es que al PRO tal vez le sirva una alianza con el radicalismo, pero al radicalismo, aunque quisiera y le sirviera (tengo dudas sobre su eficacia), no podría resolver tempranamente esa decisión. Para colmo, la UCR sabe que un partido con mayor afinidad ideológica como es la conformación del FAP, le podría resultar más seductor y evitar así estigmatizaciones ideológicas que lo incomoden.

Pero todo cálculo, por ahora, es más personal que institucional en ese centenario partido. En el otro, el PRO, siempre fue así.

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