No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

PASO en estas, en las generales veo…

Publicado en Revista “El Estadista” el 2 agosto, 2013 por Mario Riorda

La subestimación o mala comprensión de las primarias es muy amplia en los actores políticos. Los casos más notorios.

Estamos ya dentro de la segunda experiencia electoral en donde nos regimos por la Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral. Sin embargo, lejos están los partidos políticos de aprovecharla al máximo y de poder explotar estratégicamente muchas de sus potencialidades, al menos en la etapa de las PASO. Este proceso se visualiza como una etapa especulativa, como una instancia menor de un proceso posterior. O bien como algunos la interpretan: una especie de encuesta o de precalentamiento de cara a octubre.

Y no faltan razones objetivas para afirmar que esta subestimación –o mala comprensión– de las PASO es muy amplia en los actores políticos. Por ello, se me ocurren una serie de elementos que caracterizan a estas elecciones y que, en mayor o menor medida, dan fe de esto que afirmo. 

-Los partidos entienden a las PASO como un trámite legal en donde el objetivo es hacer la mejor performance posible. Eso es correcto y probablemente sea un elemento transversal a todas las ofertas políticas. Pero la mayoría de los partidos desaprovechan el máximo poder de movilización partidaria y la posibilidad de seducción del electorado independiente con el objetivo de juntar la mayor cantidad de votos posibles pero de manera agregada, sumando opciones dentro de su mismo partido. Por eso la mayoría de los partidos ignoran que podrían ampliar la mejor performance de un único candidato juntando la performance de múltiples candidatos, generando un piso de base como promotor de un “clima psicológico favorable” que estimule una percepción de competitividad mayor en la etapa sucesiva. Son mucho menos los partidos que estimularon la competencia primaria que aquellos que no lo hicieron. Potencialmente, quienes lo hicieron estarían sumando mejores performances que si sólo hubieran llevado un único candidato. Y esto es mucho más perceptible cuando se enfrentan candidatos competitivos. El caso de la oferta de UNEN es un buen ejemplo que expresa, en su sumatoria, una potencialidad mayor a la que individualmente tendría cada candidato. Lo mismo sucede en muchos casos en el país de acuerdo a sondeos tempranos de intención de voto. 

-Los procesos de cierre de listas siempre son traumáticos y muchas veces no se pueden pensar campañas anticipadamente. Eso atenta contra la profesionalización de las mismas. Sin embargo, estas primarias parecen haber tomado por sorpresa a los comandos de campaña con producciones discretas o directamente de baja calidad. Esto se agudiza cuando los partidos arrancan con piezas, estéticas o argumentos que luego mutan o cambian drásticamente en los primeros reemplazos, dando a entender que las primeras apariciones tenía que ver con el vértigo de “existir” en la campaña, antes que con la idea de “ser estratégicamente”. 

-Un detalle de que el amateurismo está bien presente es cuando los candidatos de partidos minoritarios suelen olvidarse del umbral del 1,5% de votos válidos para poder competir en la elección general. Ellos son los primeros que desaprovechan la competencia de las primarias, por un lado y, por el otro, parecería que le hablan a toda la sociedad, cuando su campaña debería enfocarse estratégicamente en nichos. La gran excepción son los spots del Frente de Izquierda, bien sustentados en ideas, que plantean la idea de la necesidad de la izquierda en el Congreso en contraposición a ideas que pudiesen confundirse con la pretensión de ganar. 

-Siguiendo esta línea de los nichos, especialmente para partidos minoritarios o poco competitivos, muchas veces las estrategias se plantean con un ego excesivo, queriendo hablarle a todos los ciudadanos por igual y desconociendo cuál es el caudal potencial o el nicho exclusivo de votantes. El spot de “Argen-Tina” hablando de dos países divididos, que propone el Frente Progresista, Cívico y Social en la provincia de Buenos Aires es, básicamente, para una fuerza mayoritaria con pretensión “atrapa todo”, pero no para un partido que apenas superaría el 10%. En comunicación esto se denomina “error de percepción de objetivos”, mucho más evidente en esa provincia en donde el voto peronista superaría en sus tres versiones (Massa, Insaurralde y De Narváez) el 70%. 

-En general, los spots mantienen una coherencia “relativa” con los planteos que se venían esgrimiendo antes de las campañas. Los más duros siguen siendo duros; los más transversales, transversales y los que mantenían indefiniciones antes, lo siguen haciendo ahora. Para quién va ganando –de acuerdo a las encuestas previas– esto es correcto. Pero para quién tiene problemas de competitividad o posicionamiento, es un problema. La famosa frase atribuida a Albert Einstein “no esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo”, se aplica perfectamente a esta situación. 

-Quizás sí hay una característica promedio dominante: la negatividad se impone a la positividad, sea de modo explícito o implícito. Mucha negatividad es planteada estratégicamente. Hay negatividades selectivas: la de Francisco De Narváez contra Sergio Massa para asociarlo al kirchnerismo y evitar seguir perdiendo votos. La negatividad no selectiva de Elisa Carrió en donde se condensan veinticuatro años de historia reciente argentina en una de las ofertas de Unen (Coalición Sur) en CABA. O casos como el del Frente de Izquierda que plantea una negatividad de comparación explícita para solidificar su nicho como antes se decía. No es señal de amateurismo la negatividad, todo lo contrario. La señal de amateurismo se da cuando no queda claro el destinatario de la negatividad.

LAS ESTRATEGIAS

La única experiencia de las PASO, en 2011, demostró dos cosas. La primera es que los partidos variaron muy poco sus estrategias comparando ambas elecciones: las PASO y las generales. Hoy eso no se sabe, pero es esperable que las estrategias se puedan ajustar y, por sobre todo, profesionalizar.

La segunda es que las campañas podrían no haber existido y el resultado hubiese sido el mismo, porque la variación estimada de la población que mutó su voto estimulada por las campañas no fue superior al 2-4%. Pero, claro, el contexto tenía condiciones diferentes: había nula competitividad y era de un único distrito al tratarse de una elección que también incluía el tramo para Presidente.

Hoy sí hay competitividad en muchos distritos y cada provincia es un mundo aparte. Y hay más datos para entender que el contexto es diferente. En conjunto, los oficialismos (nacional y provinciales de diferente signo) ya no miden lo mismo. No hay expectativas de grandes ganadores, aunque tampoco de grandes perdedores. Ganadores “relativos” o “perdedores” relativos será una de las características que quizás arroje esta elección, lo que hace verlas como menos importantes o tal vez menos trascendentes de lo que se quiso instalar, especialmente desde la oposición. Potencialmente, el voto será algo poco sustancial.

Y estas PASO serán sólo eso, un paso más camino a la elección determinante: octubre. El tiempo y los votos dirán…

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