No hay política sin comunicación.

Pero no estamos en el imperio de la comunicación.

Es sólo la política junto a la comunicación.

Es la política con comunicación.

Mario Riorda
Poder Comunicar (o la comunicación del poder)

El riesgo de que empiece un torneo federal de egos regionales

Columna de opinión para el diario LA NACION

Hoy la política no puede darse el lujo de permanecer estática frente a demandas dinámicas. Los gobiernos, y más los partidos, no llegan a digerir a la política devenida en plebiscitaria. Ya no están solos en la arena política y no tienen el monopolio de la acción política. Son los líderes los elegidos y también quienes pueden ser rápidamente cuestionados. Y si bien la política ha roto el límite entre lo que es político y lo que no es político, eso no la desideologiza ni banaliza.

Sin embargo, muchos líderes practicaron el “estar ahí”, sin avanzar al “por qué estar ahí”. Han desaprovechado su mensaje justo en un contexto en el que las campañas y sus estrategias sí incidieron, porque si bien la profesionalización no primó en las PASO (desaprovechando nichos electorales y planteando estrategias oscilantes) hubo claros corrimientos electorales.

Seguramente octubre tendrá más profesionalización. Por eso no creo tempranamente en el voto estratégico entre las PASO y las generales con reacomodamientos para vetar candidaturas. Los resultados a priori no promueven eso, más propio de un fenómeno del ballottage que de una primaria donde permanecerán los mismos candidatos.

Sí quedan claro diferentes hechos. Mucha de la percepción de eficacia de los gobiernos fue seriamente cuestionada. Los bajos desempeños oficialistas y opositores (aún ganando) dan cuenta de ello y es una gran señal a considerar.

En la carrera que proyecta líderes nacionales más allá de 2013 no hay grandes novedades. Aparecen ganadores y perdedores relativos, predecibles, con un statu quo que no se modificará vertiginosamente.

El oficialismo sostiene el rol de primera minoría agregando votos a escala nacional, pero con desempeños negativos en distritos de alta concentración poblacional y visibilidad mediática, y con desempeños menores y algunas derrotas en provincias en las que había ganado con comodidad en 2011. La matemática no será afín a la lectura simbólica. Los números clausuran chances para una reforma constitucional.

En la oposición, Pro se consolidó en su distrito, pero sin una estructura nacional sólida. Lo mismo vale para Binner en Santa Fe (aunque UNEN pueda mejorar su desempeño en la ciudad de Buenos Aires en octubre), Cobos en Mendoza (a pesar de una mejora sustancial de la UCR en varias provincias) y De la Sota en Córdoba (quién deberá rever su fallido esquema de alianzas previo).

Massa fue la novedad y su destacable victoria, aun no siendo el aluvión electoral que se estimaba en las expectativas iniciales, lo incorpora al juego nacional como un actor importante. Quizá no como “el” actor excluyente. Estará también Daniel Scioli y algún otro gobernador oficialista en ese pelotón.

El pueblo argentino se erigió en sujeto inconformista en estas elecciones. No fueron un globo de ensayo. El ensayo será octubre, cuando quienes no entiendan estratégicamente el peso de sus campañas vayan quedando fuera de las chances de 2015.

Por ahora, sólo se visualiza una única estructura nacional con bastante menor performance relativa que deberá revisar el serio mensaje de las urnas. Dará inicio un campeonato federal de egos regionales que, ojalá, se convierta en un campeonato federal de líderes regionales que articulen alianzas coherentes.

Quedará para octubre ver si la profesionalización de las campañas pone el ojo al “por qué estar ahí”. Eso es más que posicionamiento. Es decir qué cosas quieren los líderes para su distrito o su país, sabiendo lo que muchos, de antemano no quieren.

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