Los clones de ‘Aló presidente’

Los clones de ‘Aló presidente’

Hugo Chávez inventó su programa Aló Presidente por la televisión pública como forma de comunicación directa con la sociedad y, a la vez, hacer fintas a los periodistas y sus preguntas incómodas. Lo mantuvo en el aire todos los domingos durante 13 años, de 1999 casi hasta su muerte en 2012. Sin embargo, la ‘criatura’ aún vive, ya que varios presidentes de países de Sudamérica han seguido sus pasos con algún espacio inspirado en el modelo venezolano.

La tendencia a adaptar el Aló Presidente chavista es abordada por dos libros de ensayo publicados recientemente. Uno es ‘Comunicación Gubernamental 360′, del analista en comunicación política latinoamericana Mario Riorda. Y el otro, ‘Vox Populista’ de Silvio Waisbord, director de la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la George Washington University en Estados Unidos.

El espacio del líder bolivariano tuvo 378 emisiones, algunas de hasta seis horas. La página web Alo presidente lo define como “un hito en la historia de las experiencias comunicacionales emancipadoras”. Y exagera que fue “un regalo de claridad política, un remanso de pensamiento humanista donde se piensa y se habla, se canta, se reflexiona en el amor, se estudian las cuentas públicas, se reclama atención y más trabajo a funcionarios y ministros”.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha produndizado en la experiencia convirtiendo a ‘Aló Presidente’ en su programa Diálogo Bolivariano, que se emite el día y la hora que toque. El mandatario sostiene que se trata de “el legado que dejó el comandante”, aunque con un plus: “Diálogo Bolivariano es un espacio, no un programa, dentro de las actividades del Estado” y. por lo tanto. va unido a las inauguraciones y actos públicos que, a cada rato, realiza el jefe de Estado.

El ecuatoriano Rafael Correa ejerce el modelo desde 2007 y cada sábado encabeza Enlace ciudadano, en la televisión pública. Evo Morales, en Bolivia, bebe de la escuela bolivariana y conduce los domingos por la mañana El pueblo es noticia, un programa de tertulias, en la televisión estatal.

Brasil, un modelo más moderado

En Brasil, el ex presidente Lula Da Silva protagonizó 279 emisiones del programa de radio Desayuno com o Presidente entre 2003 y 2010. El formato es más sencillo: seis minutos de entrevista con un periodista, los lunes a las seis de la mañana, y tres repeticiones al día. Su sucesora Dilma Rousseff lo continúa, pero con un nombre más íntimo: Café com a Presidenta.

A la Argentina de Cristina Fernández, viuda de Néstor Kirchner, en cambio, le seduce la cadena nacional. Varios días a la semana transmite sus discursos o se conecta por videoconferencia. Ante las críticas porque no comparece ante la prensa, responde con Desde otro lugar, un programa de entrevistas con periodistas afines a la Casa Rosada y preguntas livianas. El espacio no se transmite en estos momentos por la convalecencia de la presidenta tras ser sometida a una operación para extraerle un hematoma del cerebro.

En Uruguay, el presidente José Mujica protagoniza su programa semanal de radio Habla el Presidente, de 15 minutos de duración y con el tono reflexivo y campechano que lo caracteriza.

Para Riorda, este modo de comunicación del poder político que lucha por ganar audiencias “produce una democracia ‘celebrity’ “. “Los presidentes están cada vez más obsesionados con comunicar, no sólo se han vuelto periodistas, se han vueltos ‘celebrities’. Actúan como héroes de melodrama; todos quieren enamorar al pueblo”, comenta al diario porteño ‘La Nación’.

Por su parte, Waisbord añade que la comunicación “está centralizada en el poder ejecutivo y, sobre todo, en la Presidencia”. “Si el presidente es un buen comunicador, gana puntos. Lo más irónico del populismo es que por una parte tiene una retórica muy fuerte de comunicación horizontal, pero tiene un modelo que va contra estos principios”.

Las excepciones a esta moda creciente en Sudamérica son, entre otros, los presidentes de Chile, Colombia y Paraguay, Sebastián Piñera, Juan Manuel Santos y Horacio Cartes, respectivamente. Los tres tienen puntos de vista ubicados en las antípodas de sus homólogos populistas, que se han lanzado a competir por las audiencias con las grandes cadenas y sus programas estrella.